Mandalas

Jung equiparó el Mandala con el ojo humano en términos morfológicos y en sentido espiritual. Consideró que se trataba de un prototipo de Mandala porque este órgano humano representaba la vista y la luz, así como la consciencia.

Se trataba según su postura, de una parte del ser humano que contemplaba al universo y determinaba la posición del observador en éste; absorbía energía cósmica y la exhibía ante el espíritu interior. Representaba la Unión entre el individuo y el cosmos.

Por otra parte observó que la disposición concéntrica de los elementos del Mandala y en simetría radial constituían las propiedades inherentes del iris ocular, para Jung, la presencia simultánea de varios diseños oculares, denotaba la interpretación del inconsciente como una consciencia múltiple

El Mandala constituye un nexo entre la consciencia actual y los orígenes remotos de la humanidad. Su núcleo establece relaciones con todo lo circundante, determina un centro de ordenación de los elementos mas allá de su función ritual, el Mandala resulta curativo con respecto a ciertos procesos de escisión y división de la persona, pues le permite establecer las mediaciones simbólicas necesarias para alcanzar el estado de “centración del si-mismo” por ende la autorrealización y el crecimiento personal.

Así la producción y creación de Mandalas conecta nuestra consciencia con la riqueza de nuestro mundo interior creativo, sus propias capacidades y el potencial de nuestro inconsciente.